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Mi nueva experiencia Zoofilia

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Mi nueva experiencia Zoofilia

Nota 02 May 2018

Relato no de mi autoria.
Lo que relatare si bien no soy la única que lo ha experimentado, lo encasillaría en una imprevista y atípica relación sexual..

Mi nombre es Valeria, cuento con 27 años, y para mi novio soy todo. Nos conocimos con Aldo, hace casi un año, aunque vivimos en casas distintas los fines de semana lo compartimos yendo a la suya.

Habitualmente suelo ir un par de veces en la semana para acomodar su casa, limpiarla, a la que me insiste en que no lo haga, pero me siento bien ayudándolo de esa manera. Tiene un perro algo grande en su casa, que me llena de festejos cada vez que voy, teniendo que retarlo para detenerlo con sus festejos.

La primera vez que fui a acomodar su casa, no tenía un delantal para proteger mi ropa, así que opté por hacerlo en mis prendas intimas. En la veces posteriores, termine haciendo la tarea desnuda, me encontraba muy cómoda, despojada de mis ropas, solo con unas ojotas, limpiando, meticulosamente todo.

Esa tarde me había dedicado al baño, así que me arrodille ante los artefactos para limpiarlos detenidamente, realmente soy una obsesiva por la limpieza. Mientras me mantenía agachada frente al inodoro, algo se abalanzo sobre mí, dando mi cabeza sobre el artefacto, dejándome algo inconsciente, mientras el perro parecía querer apoderarse de mi cuerpo, o más bien de mi vagina

Al recobrarme, le pegue un grito, que hizo que el animal se fuese algo atemorizado, no paraba de gritarle, mientras me iba reponiendo del golpe. Por un lado estaba enojada pero por otro lado me producía gracia la intención del animal.

Cada tanto regresaba a casa de mi novio, aunque nunca le di a conocer el acontecimiento, por vergüenza, realmente no sé, aunque debo admitir que cada tanto me venía a la mente ese momento.

Las veces siguientes, no me desnudaba, solo me ponía ropa de trabajo, aunque me tentaba de desnudarme, pero había algo que me frenaba en hacerlo. Una tarde hacia bastante calor, y tomé la decisión de quitarme todo, no sé si deseaba o no que el perro se acercase. Cuando finalice con mis tareas, la transpiración cubría mi cuerpo, así que decidí darme una ducha rápida e irme. Cuando salí del baño, el animal estaba sentado en el dormitorio como esperándome, sin pensarlo demasiado me quité la toalla, quedando desnuda ante Suko, (así es su nombre) quedando enfrentados sin llegar a tomar una decisión, durante unos largos segundos.

Confieso que algo se alboroto en mi cuerpo, pero se me había hecho bastante tarde, y por otro lado no me parecía correcto hacer algo, así que solo acaricie su cabeza y me vestí.

Traté de no ir demasiado seguido a la casa de mi novio, además me conozco, por lo tanto traté de sacarme de la cabeza esas ideas poco claras y peligrosas.

Un día me dijo mi novio que debía de viajar por unos días, que por qué no me quedaba en su casa, dado que era mucho más cerca de mí trabajo, que de donde vivía, y asimismo le daba de comer a Sujo. Puse una serie de excusas para evitar de hacerlo, que aparentemente no le cayó bien a mi novio.

El día anterior a su viaje le dije que iría, a pesar que ya lo había solucionado con otra persona, , pero prefirió que fuese yo la que lo hiciese. Esa tarde después de llevarlo al aeropuerto, con una valija me fui a su casa, El perro me recibió muy contento, hacía varios días que no concurría, así que me llenó de festejos.

A pesar de no ser demasiado tarde, traté de cenar temprano e irme a la cama, antes de las 10 estaba acostado mirando televisión. Me dormité y cerca de la medianoche, me desperté con bastante sed. Con algo de modorra, me fui a la cocina a tomar algo, apenas me oyó, se acercó para saltarme, le acaricie la cabeza, cuando su hocico se metió entre mi camisón, un estremecimiento invadió mi cuerpo, y hasta evacue algo de secreción vaginal, que con su desarrollado olfato captó inmediatamente mis emanaciones.

Su hocico hurgando en mi intimidad, aumentó mi alteración, rasque su cabeza mientras inspeccionaba mi zona alterada. Esos breves minutos fueron muy placenteros, aunque con una fuerza de voluntad, pensé que no era correcto, así que retorné a mi alcoba.

Era evidente que estaba bastante excitada, me toqué, pero traté de dormirme, daba vueltas sin poder conciliar el sueño, pasando por mi mente una serie de situaciones poco santas. A pesar de que tenía que madrugar, la tentación me llevó a levantarme nuevamente.

Fui hasta donde estaba Suko durmiendo, me arrodille a su lado, acariciándolo, el perro parecía contento con mis caricias, hasta que levanté mi camisón, mientras entreabría mis piernas, comenzando a meter su hocico y lamer mi entrepierna. Fui buscando una posición, dándole mejor acercamiento a su trompa, hasta que me tiré boca arriba abriendo bien mis piernas, mientras iba desplazando mis bragas, dispuesta a ofrecerle mi sexo.

El perro rápidamente se embarcó a disfrutar de mi ofrecimiento, propagando sus lamidas, y por supuesto aumentando mi estimulación, que sin pensarlo demasiado fui concediendo, disfrutando de esa áspera lengua, que estimulaba cada poro de mi cuerpo, mientras mi vagina era cada vez mas húmeda entre mi secreción y la saliva que depositaba el perro.

Con cierto recelo me deje llevar por ese impetuoso órgano, que deglutía sin descanso mi muy avivado sexo, llevándome a unos leves gemidos hasta llegar a acrecentar, mientras friccionaba mi clítoris, aumentando mi excitación, gozando segundo a segundo de esa vorágine perruna, convulsionando mi cuerpo, hasta llevarme al paroxismo con un orgasmo indescriptible.

A medida que me iba recuperando, me sentía algo ridiculizada, por la situación en que me encontraba o más bien por haber llegado a este punto, en lo que permití a un animal llegar a originarme esto. Me levante y me fui a ducharme, como para limpiarme de este sexo “tabú”, e irme a dormir.

Debo confesar que durante el día me llegaba a mi mente, ese momento, si bien trataba de impedirlo, retornaba nuevamente, hasta trataba de convencerme en que solo había sido un momento de debilidad, carente de una posible penetración.

Esa noche al regresar a la casa de mi novio, había pensado en no ir, pero debía darle de comer al perro, así que opté por hacerlo y regresar a mi departamento. Una fuerte tormenta se desencadeno apenas llegué con espantosos truenos y relámpagos que me producían bastante temor.

Después de cenar algo, la tormenta parecía agravar, pero para peor de males, se cortó la luz, eso fue el sumun para mí, busque unas velas, mientras el perro me seguía, le hablaba como para calmar mi temor, hasta que fui a la sala y me recline en el sillón. Suko parecía entender mi azoramiento, pues no me quitaba pisada, realmente me sentía muy acompañada, con su acercamiento incondicional.

En determinado momento, golpee el borde del sillón, para indicarle que subiese, rápidamente acatando mi pedido se acomodo junto a mí, lo abrace, notando que ese contacto me sacaba de la realidad, aplacando mi temor a la tormenta.

Lo acaricié un buen rato, quedándose plácidamente disfrutando de mis mimos, hasta que por curiosidad pase mi mano por sus genitales, acariciándolo suavemente, notando que separaba sus patas, ofreciéndolos para un mejor acceso, nuestras cabezas estaban algo cerca, cuando me dio una serie de lamidas en el rostro. Parecía que un dejo de sensualidad nos embargaba, hasta que de pronto se bajo del sillón intentando oler entre mis piernas, instintivamente las separe, para sentir su lengua buscar mi abertura.

Me quede un rato así, hasta que me levante, quitándome el vestido, mi sostén y por ultimo mis zapatos y bragas, volcándome sobre la alfombra acostada, entregándome nuevamente a su ávida y osada lengua. No tarde en ponerme a full, sintiendo como mis pezones se rigidizaban, fluyendo de mí grieta, el líquido que era adsorbido por Suko.

Su contacto me dominaba, acercando mi cuerpo desnudo a su pelo, evidentemente la oscuridad me permitía ser más osada, a pesar de no tener demasiado pudor ante el animal, que continuaba en un frenético contacto. Lo abrace y hasta froté mi sexo cerca del suyo, tocándolo, continuando lamiendo mi rostro.

De pronto las luces se encendieron al retornar la corriente, me quede algo pasmada, aunque el perro se paró como sorprendo ante la llegada de la luz, lo llamé y acerqué su cabeza a mi vagina, continuando lamiéndola, no dejando de tocarlo, hasta que me sorprendí al ver surgir la punta de su pene.

Que si bien no tenía demasiada idea de cómo era, sentí una espontánea atracción hacia ella, percibiendo que lentamente caería en un abismo sin retorno, continuando con esa loca diablura.

Intentaba de contenerme, aunque mi cuerpo actuaba inversamente a mis pensamientos, era dueña de tomar la decisión, cerrar mi mente y embarcarme al libre albedrio. Su lengua era cada vez más cautivadora, me poseía, mi organismo se iba convulsionando, lo deseaba, era extraño pero segundo a segundo me entregaba a ese acometimiento perruno.

Comencé a gemir, mientras trataba de cambiar la posición y acercarme a su aparato reproductor, hasta que volví a tocarlo, e incitarlo de la misma manera que lo hacía conmigo, acrecentándose ese intercambio involuntario.

Hasta que el perro comenzó como tratando de ponerme en posición para una posible penetración, me senté sobre el borde del sillón, abriéndome de piernas, cuando se precipitó sobre mí en posición de misionero, su desesperación por fornicarme, me excitaba, no sé si estaba dispuesta a hacerlo, aun tenía dudas, aunque mi cuerpo parecía decir lo contrario.

Mientras el perro continuaba tratando de practicar con su cometido, comencé a tocarme hasta que después de varios minutos tuve un orgasmo.

Por un lado parecía estar más aplacada, pero consideré que era algo egoísta, dejarlo sin aplacar su necesidad fisiológica, así que comencé a masturbarlo hasta hacerle surgir la totalidad de su aparato, sorprendida ante su tamaño

No sé que me pasó pero sentí una atracción ante su virilidad, la acaricie suavemente, mientras el animal permanecía jadeante, disfrutando de mi intervención manual. Aunque su instrumento me atraía cada vez más, me subyugaba ese falo que cada vez ejercía un poder sobre mí, cosa que no podía comprender, de esa cautivante seducción.

Como un autómata, hasta diría poseída, me acosté bajo el animal y mientras acariciaba su pecho, mi lengua fue atraída por esa roja verga, besándola fascinada, hasta llevarla a mis labios, era algo alucinante, mi boca no tardó en apoderarse de ese tronco carnal, para chuparlo con total naturalidad, hasta introducirlo lentamente hasta donde mi boca lo permitía. Ese contacto me iba condicionando, hasta que tocaba mi clítoris candente, a la vez que aceleraba mis succiones.

Al sentir que un nuevo orgasmo se apoderaba de mi alterado ser, aceleré instintivamente con la mamada, sé que era algo aberrante, promiscuo e indecente, pero nunca me había sentido tan excitada. Así que no me detuve sabiendo que sucedería, en pocos minutos después, la eyaculación fue eminente, llenando mi boca terminado por esparcirse por mis tetas. Sentí algo de aversión por lo sucedido además de pensar que me había extralimitado en mi propósito.

Cuando el perro después de lamer su verga, se dirigió a mi cuerpo para tratar de limpiar su semen de mi piel, algo sorprendida me quedé extendida, hasta que mis pezones fueron realmente sometidos por su lengua, produciéndome tal excitación que rápidamente se fueron poniendo rígidos, duró poco pero lo suficiente para volver a estimularme. A pesar que estaba dispuesta a continuar, mi querido Suko parecía todo lo contrario, así que opté por bañarme e irme a la cama.

Me desperté temprano para ir a mi trabajo, me sentía algo nerviosa, me dirigí a la cocina y apenas me oyó Suko se acerco apresuradamente a saludarme, me arrodille para abrazarlo y acariciarlo durante un rato, luego preparé su comida y mi desayuno.

Me demoré en dar vueltas, hasta que llegó la hora de salir y aun estaba sin vestirme, había algo que me impedía irme, esa lucha interna me llevo a llamar a mi jefe, y comentarle que tenía fiebre, me dijo que no fuese y me mejorase. Sus palabras quitaron ese nerviosismo que me embargaba, así que transmite esa alegría a Suko, que movía su cola como aprobando mi decisión.

Me puse a limpiar, aunque no había demasiado para hacerlo, pero cuando me acerque a los sillones, vi en uno de ellos una aureola, posiblemente del esperma del perro. Me arrodille para tratar de sacarla, cuando la olí me trajo el recuerdo de la noche anterior, un leve estremecimiento sacudió mi cuerpo.

El perro merodeaba muy cerca mío, me quité el camisón quedando solo con mis bragas, tenia curiosidad de cómo reaccionaría el perro, mientras limpiaba lo acaricie. Debo confesar que estaba tentada a hacer algo, manteniéndome en cuclillas, cuando Suko se fue acercando atraído posiblemente por el perfume que emanaba. Me lamio en un par de lugares, como para ir entrando en confianza, al notar que lo acariciaba lo repitió hasta lamer mi rostro.

Ese preámbulo previo me estaba llevando a un estado nuevamente intrigante, opté en ese instante en quitarme mi última prensa, para elevar mi posadera, dejando al descubierto mis privadas grietas, cuando la lengua de Suko se hizo cargo de las mismas. Su veloz órgano, pasaba de una abertura a otra de una manera impetuosa, incrustándose en lo más profundo de mi intimidad. Mis gemidos se fueron acentuando mientras el perro parecía tratar de llevarme a un estado de total enajenación.

En ese instante comenzó a tratar de montarme, esta vez mas insistente, el proceder del animal me sublevaba, imaginando que podría penetrarme, me encontraba en un estado de total paranoia. De manera algo ruda y desesperada trataba de meter su aparato que chocaba contra las paredes de mis muslos, aferrándose con sus patas a través de mi cintura. Su insistencia era cada vez más imperante, al punto de que me dio algo de temor su comportamiento, intente calmarlo sin mayor resultado, pensé en desistir pero no me pareció prudente podría morderme o hacerme alguna otra cosa.

A pesar de mi duda, cambie de posición, saliendo del apoyo del sillón para apoyar mi cabeza en la alfombra elevando mi trasero ya decidida a ser mancillada por el animal.

A pesar de la posición después de un rato, y percibir su verga pegar en mis nalgas, sentí que su aparato rozaba mis labios vaginales, sus patas se aferraron a mi cintura, aprisionándome sin dejar de agitarse contra mis nalgas, mientras su contacto se iba profundizando.

Solo traté de calmarme, y esperar que sucedía, el hecho de encontrar mi grieta, fue suficiente para introducir su aparato, provocándome un grito, de sorpresa con algo de dolencia.

A partir de ese momento su bombeo se generalizó, tomando las riendas de esa escabrosa y profana copulación, sus empellones me zarandeaban, sacudiendo mis tetas al ritmo de sus movimientos Sus patas se aferraron a mi cuerpo, mientras su miembro friccionaba las paredes de mi matriz, entregándome a ese desenfreno perruno, que me subyugaba, me movilizaba mis hormonas, era su criatura, era su hembra dispuesta a ofrecerme con tal de gozar ese apareamiento, tan atípico a lo que había experimentado hasta el momento. Continuaba aporreando con su crecida verga mi órgano femenino, se fusionaban mis gemidos con los jadeos del perro, a la vez que su baba humedecía mi espalda.

Sentí su penetración, empujando para llegar a lo más profundo de mi seno, él aguijoneaba mi interior para obtener lo más insondable posible, frotándome fuertemente, apropiándose de mí permisible útero. Su agudeza era fuerte y vigorosamente, su líquido pre seminal se mezclaba con mi lubricación natural habiendo sido una introducción rápida y fluida. Esta vez, su pene completo está dentro de mi cérvix, abriéndolo para el inevitable clímax de esa unión, trabando su bola en la salida de mi vagina

Mi cavidad se amoldó al tamaño de su aparato, dejándome llevar a partir de ese instante por mi instinto, comencé a gemir mientras su aparato entraba y salía algo más lento, sentía como sus uñas se incrustaban en mis muslos, mientras seguía creciendo en mi interior, hasta notar el abultamiento de su órgano adueñarse de mi intimo interior.

Me sentí abochornada en ese momento, en donde un animal me estaba copulando, realmente era algo morboso y promiscuo, aunque debo admitir que me entregué sin ningún escrúpulo, en donde me menospreciaba, aceptando esa situación, para gozar a pesar de la degradación que admitía.

Sus uñas deterioraban mi piel, sentía como se incrustaban al tenerme abrazada con sus extremidades delanteras, produciéndome un poco de dolor que se fusionaban con el placer que me inducía y sus patas traseras apoyadas en mis pantorrillas, en una actitud totalmente posesiva.

Aprecié que se había apropiado de mi cuerpo, en realidad se lo concedí, los roles se habían alterado, yo no era la novia de su amo, era su sumisa perra. Sentía que me sumergía en un mundo prohibido y aberrante, y a pesar de reconocerlo, la atracción hacia el animal se generalizaba, le entregaba mi cuerpo, gozando de sus violentas irrupciones, a pesar del dolor que a veces me causaba, como origen de su instinto de procrear.

El perro me mantenía apresada, mientras sumisamente aceptaba la situación, pienso que debería ser una escena morbosa pero llena de sexualidad, cuando sentí regar mi interior por su instinto de procrear, mi cuerpo se convulsiono al percibir la evacuación de su simiente.

Fue una situación extraña y llena de morbosidad, creo que me atraía ese tipo de servilismo. Al haber concluido con su tarea, Suko de una manera brusca quito su verga, sentí inflamada mi vagina, como consecuencia de haberla albergado, evacuando parte de su leche, lo que lo motivo a mamar mi vagina.

Atraída por su verga, fui a mamársela, distinguiendo un sabor mezcla de su semen y mis flujos, mientras el perro permanecía aun jadeante y yo abajo, disfrutando de su sexo.

Sentía que me sumergía en un mundo prohibido, aberrante y humillante, pero a pesar de reconocerlo, la atracción hacia el animal se generalizaba, le entregaba mi cuerpo, gozando de sus violentas irrupciones, gozando con el dolor que a veces me causaba, por su brutal instinto de copularme.

Me buscaba y como una obediente hembra, cada vez que sucedía, me entrega a sus necesidades fisiológicas o a la atracción que le transmitía por la evacuación de mis flujos, asi que no tardaba en desnudarme para aplacar su necesidad.

Era algo dominante pero a su vez seductor, no entendía como podía entregarme a ese animal, ofreciéndole mis cavidades a su pene bastante mayor que el de mi novio. Me subyugaba ese instinto canino, dispuesto a acoplarse en cualquier momento, en lo que más de una vez lo provocaba para ser su hembra. Realmente a sido una fabulosa experiencia.

Aunque algo siempre me intrigó, porque trató esa primera vez en copularme?, ya lo habría hecho?

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